Uno de los aspectos menos conocidos del Coliseo es que no era un edificio al aire libre en el sentido moderno. En los días de sol intenso, una extraordinaria hazaña de ingeniería —el velarium— protegía a los 80 000 espectadores de la irradiación directa, transformando la experiencia de los munera de un suplicio estival en un espectáculo relativamente confortable. Cómo funcionaba exactamente este sistema sigue siendo objeto de investigación, pero sus huellas físicas son todavía visibles en las paredes del Coliseo.
Qué era el velarium
El velarium (del latín velum, «vela, tela») era un enorme toldo o sistema de toldos que se extendía sobre la gradería del Coliseo para dar sombra a los espectadores durante las horas de mayor calor. No era un techo fijo: se trataba de un sistema de cuerdas y paños que podía desplegarse, ajustarse y recogerse según las condiciones meteorológicas.
Las fuentes antiguas describen el velarium como uno de los elementos más apreciados por el público romano. El poeta Marcial, que asistió a los juegos en el anfiteatro Flavio, elogia su uso en varios epigramas. Plinio el Joven y Juvenal lo citan como rasgo definitorio de los grandes espectáculos.
Es importante señalar que el velarium no cubría toda la estructura: la zona de la arena (la superficie de arena propiamente dicha) permanecía descubierta, tanto para permitir la iluminación adecuada de los combates como para facilitar la circulación de aire necesaria para ventilar el hipogeo subterráneo. La cobertura se extendía sobre la cavea, es decir, la zona de las gradas donde se sentaba el público.
Las huellas físicas: los ménsulas del cuarto piso
La prueba material más evidente de la existencia del velarium sigue siendo visible hoy en el coronamiento del Coliseo: una serie de 240 ménsulas de piedra que sobresalen del muro del cuarto orden (el ático), distribuidas a intervalos regulares en toda la circunferencia del anfiteatro.
Estas ménsulas —técnicamente llamadas asolette— eran los soportes en los que se insertaban los postes (arbores) que sostenían el sistema de cuerdas del velarium. El hecho de que hayan sobrevivido al expolio medieval y a siglos de depredación es prueba de su solidez estructural: estaban completamente embebidas en el muro, no simplemente apoyadas en él.
Ménsulas similares y orificios para postes se encuentran en muchos otros anfiteatros romanos del Imperio —en Arles, en Nimes, en Pozzuoli, en Capua—, lo que sugiere que el sistema del velarium era una tecnología estandarizada difundida por todo el mundo romano, y no una invención exclusiva del Coliseo.
Quién accionaba el velarium: los marineros de Miseno
La fuente antigua más precisa sobre el personal encargado del velarium es el cronista Casio Dión: el sistema era operado por marineros de la flota imperial con base en Miseno (la moderna Misenum, junto al golfo de Pozzuoli, en el norte de Campania).
Estos soldados-marineros (classiarii) eran un destacamento especializado asignado permanentemente a Roma para las necesidades de los espectáculos públicos. Casio Dión llega a cuantificarlos: para accionar el velarium del Coliseo se necesitaban aproximadamente ocho mil hombres. Aunque la cifra es probablemente una exageración retórica, la magnitud de la organización requerida era en cualquier caso extraordinaria.
¿Por qué marineros? La respuesta es intuitiva: la manipulación de grandes velas, cuerdas, cabrestantes y sistemas de maniobra en tela era por excelencia una competencia naval. Los marineros de la flota romana eran los profesionales del sector, entrenados a diario para desplegar, plegar y ajustar grandes superficies de lona en condiciones de viento y premura.
El destacamento de Roma estaba físicamente alojado en los cuarteles en torno al Coliseo —probablemente relacionados con las estructuras adyacentes al anfiteatro, de las que quedan huellas en el actual Rione Celio.
El mecanismo: postes, cuerdas y telas
La reconstrucción exacta del mecanismo del velarium es uno de los problemas abiertos de la arquitectura romana antigua. Las fuentes escritas describen el resultado pero raramente el proceso; las evidencias físicas permiten deducciones pero no certezas. Las principales hipótesis formuladas por los estudiosos a lo largo del siglo XX y XXI convergen en un modelo básico:
Los postes exteriores (arbores)
Desde las 240 ménsulas del cuarto orden se elevaban otros tantos postes de madera —probablemente de abeto o alerce, maderas ligeras y resistentes— que sobresalían hacia el interior sobre el borde superior de las gradas. La longitud estimada de estos postes era de 7–12 metros.
El cable maestro (corona)
En lo alto de los postes se tensaba un cable anular que recorría toda la circunferencia del anfiteatro, mantenido en tensión por los propios postes. Este cable servía de anclaje principal de todo el sistema.
Las cuerdas radiales y la abertura central
Del cable maestro partían cuerdas radiales que convergían hacia el centro de la arena, donde un anillo central (cuyo diámetro se estima entre 6 y 14 metros según los estudiosos) las anudaba. Al quedar abierto, este anillo dejaba penetrar la luz sobre la arena y permitía la salida del calor y el humo.
Los paños (vela)
Los paños de cubierta se colgaban de las cuerdas radiales, creando una superficie continua similar a la vela de un barco, pero dispuesta en plano horizontal. El material era probablemente lino o lana doble, posiblemente tratado para resistir el agua. La superficie total cubierta se estima en unos 24 000 metros cuadrados —comparable a la de tres campos de fútbol.
El sistema de maniobra
Para abrir y cerrar el velarium, las cuerdas radiales estaban conectadas a un sistema de cabrestantes situados en la base de las gradas o en nichos específicos. La maniobra requería la actuación coordinada de muchos operarios que actuaban simultáneamente en distintos sectores de la circunferencia.
El velarium y el viento: el principal desafío
El punto crítico del velarium no era desplegarlo en días de calma, sino mantenerlo en condiciones de viento. Una tela de esas dimensiones, expuesta al viento, genera enormes fuerzas laterales —capaces de derribar los postes, romper las cuerdas o rasgar los paños.
Las soluciones adoptadas incluían probablemente:
- Una fuerte tensión radial que precargaba el sistema y reducía el efecto del viento
- Un sistema de rizos similar a la práctica náutica, que permitía reducir la superficie expuesta en los días ventosos
- La posibilidad de recoger completamente el velarium con viento fuerte, dejando las gradas descubiertas
Esto explicaría por qué varias fuentes antiguas mencionan representaciones interrumpidas o incómodas por el viento: el velarium no estaba siempre operativo.
El velarium en otros anfiteatros romanos
El Coliseo no era el único anfiteatro con velarium. La tecnología estaba extendida por todo el Imperio, adaptada a las dimensiones y los recursos locales.
Arena de Nimes (Galia): uno de los anfiteatros provinciales mejor conservados, conserva aún hoy las ménsulas para los postes del velarium en su coronamiento externo.
Arena de Arles (Galia): el mismo sistema; tras el final del Imperio fue transformada en fortaleza medieval y luego en barrio habitado —un testimonio de la longevidad estructural de los anfiteatros romanos.
Anfiteatro de Pozzuoli (Campania): cercano a la base de la flota de Miseno, probablemente también podía contar con marineros especializados para el velarium.
Teatro de Pompeyo (Roma): el primer teatro permanente de Roma, construido por Pompeyo en el 55 a.C., disponía de un sistema similar de telas de sombra —también operado por marineros— y es citado en las fuentes como antecedente del velarium del Coliseo.
El debate académico: hipótesis en contraste
La cuestión del velarium ha generado investigaciones profundas desde el siglo XIX. Los principales puntos en debate son:
¿Cobertura total o parcial?
La mayoría de los estudiosos coincide en que el velarium no podía cubrir enteramente la gradería: la física de los paños de esas dimensiones y el sistema de cuerdas radiales implican siempre una apertura central. El diámetro de esa apertura es el nudo de la discusión. Las hipótesis van desde una apertura mínima de pocos metros hasta una de 14–15 metros. La hipótesis más aceptada hoy sitúa la apertura en aproximadamente 8–10 metros.
El material
Algunas investigaciones han propuesto que los paños pudieran ser de seda o de fibras vegetales tratadas, no solo de lino. La evidencia de residuos orgánicos en la zona del cuarto orden es escasa y no concluyente.
¿Superficie continua o segmentos triangulares?
Una hipótesis alternativa, sostenida por algunos ingenieros que han estudiado el sistema, propone que los paños no formaran una superficie continua sino una serie de gajos triangulares separados, cada uno controlable independientemente —un sistema más flexible pero menos eficaz para el sombreado completo.
El modelo Strandberg
En 2015 el investigador sueco Karl-Erik Strandberg publicó una reconstrucción detallada del sistema basada en cálculos de ingeniería que tienen en cuenta las fuerzas de tensión, el peso estimado de los paños y la resistencia al viento. Su modelo, que prevé paños de curvatura parabólica sostenidos por una red de cuerdas secundarias, ha sido ampliamente citado en los trabajos posteriores.
Lo que queda hoy
De las 240 ménsulas originales del cuarto orden, sobreviven en posición original o casi original unas 40–50. La mayoría se perdió durante los siglos medievales y renacentistas de expolio, cuando el cuarto piso fue sistemáticamente desmontado para recuperar mármoles y ladrillos valiosos.
Las ménsulas supervivientes son más visibles en los sectores norte y oeste del coronamiento, donde la estructura está mejor conservada. No es normalmente posible acercarse al nivel del cuarto piso con la entrada estándar; el recorrido del belvedere (incluido en el Full Experience) permite observar algunas ménsulas a corta distancia.
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Preguntas frecuentes
¿El velarium también cubría la arena (la superficie de arena)? No. El velarium cubría únicamente la cavea, es decir, la zona de las gradas. La arena central permanecía descubierta por razones de iluminación y ventilación.
¿Cuántas personas se necesitaban para abrir el velarium? Casio Dión menciona aproximadamente ocho mil marineros. Esta cifra incluye probablemente también al personal de mantenimiento y guardia, no solo a los operadores directos del velarium.
¿Estaba el velarium siempre abierto durante los espectáculos? No. Con viento fuerte se reducía o se recogía por completo. Las fuentes antiguas documentan representaciones celebradas a pleno sol sin cobertura.
¿Hay intentos de reconstruir el velarium? Sí. A lo largo de los años varios grupos de investigación han producido modelos informáticos y prototipos a escala. No se ha autorizado ningún proyecto de reconstrucción física a escala real para el propio Coliseo; otros emplazamientos, como el anfiteatro de Nimes, han experimentado con estructuras temporales similares.
¿Podía el velarium servir también de protección contra la lluvia? Probablemente sí, aunque las fuentes antiguas no lo señalan explícitamente como función primaria. La protección solar era la motivación principal.
¿Cómo se ven las ménsulas del velarium hoy? Las ménsulas son visibles en el coronamiento externo del Coliseo, especialmente en los sectores mejor conservados. Desde abajo, con un buen teleobjetivo, pueden distinguirse claramente. Desde el interior, en el quinto nivel (recorrido del belvedere), algunas pueden observarse a corta distancia.
Artículo n.º 5 — TIER S — MON-01 Coliseo
Véase también
- Coliseo Romano: historia completa desde su inauguración en el 80 d.C. hasta 2025
- Cómo llegar al Coliseo: metro, autobús, a pie y en taxi
- El hipogeo del Coliseo: el mundo subterráneo de la arena
- Foro Romano: historia completa del centro del mundo antiguo
- El Palatino: historia de la colina imperial
Tipo: HISTORY Palabras: ~2 400